De viatge amb el T-10 de la Bòbila

T-10 és el club de lectura de la Biblioteca la Bòbila que us ofereix plaer i coneixement a partir d'un viatge literari organitzat en deu etapes. L’itinerari del “Club de lectura T-10” combina lectures, tertúlies, còmics, butlletins, xerrades o pel·lícules. És una proposta de 10 excursions lectores, 10 mirades diferents del lloc.

Després dels viatges literaris que hem fet a la ciutat de Nova York, a l'Europa Central, també anomenada Mitteleuropa i a Rússia, al peculiar humor anglès; o a les illes literàries, ens dirigim a la frontera i saltem a banda i banda... i ara entrem en el cor de la família, ens acompanyes?

divendres, 13 de novembre de 2015 0 comentaris

"En los pueblos sardos, hay una madre en cada esquina"

"En los pueblos sardos había una madre en cada esquina"
Aquest proper 18 de novembre llegirem l'obra L'Acabadora de Michela Murgia, continuant amb el cicle Illes literàries. 
"La Contra" de La Vanguardia de Víctor-M.Amela de 19/12/2011, ens dóna pinzellades de la seva personalitat:

"Nací en Cabras (Cerdeña, Italia), donde fui 'hija del alma'. Soy escritora. Estoy casada y sin hijos, todavía. Soy de izquierdas, y soy independentista sarda. Soy católica. Cerdeña padece el índice de paro más alto de Europa. Me pasaría el día cocinando"
 

Michela Murgia es una mujer jovial y pletórica de vida, enraizada en la naturaleza sarda y que se expresa con pasión y talento.Siendo niña cambió de familia como los cangrejos ermitaños cambiaban de caracola cuando ella les dejaba caer una vacía delante en la playa de su pueblo, un pueblo que "respira en plural", me dice... Regresa a Cerdeña, donde le esperan cociendo en una olla su plato sardo predilecto, la fregua, como bienvenida: un cuscús grueso con pechinas y ajo, perejil, aceite y vino blanco sardo, el Vernaccia, y una pizca de sal: "Un plato de rey, mi plato hogareño favorito".  

Qué es una acabadora?
Una mujer que ayudaba a morir a la gente en los pueblos rurales de Cerdeña...

¿Cómo lo hacía?
En todas las casas sardas, sobre la chimenea, las familias exhiben un yugo...

¿De los que se uncían a bueyes o mulos?
Una teoría los relaciona con la acabadora...

Cuente.
La acabadora era llamada a una casa en la que alguien agonizaba. Ella consolaba al moribundo, le recostaba la nuca en el yugo: un quiebro en las cervicales bastaba para acabar con su frágil vida.

Una eutanasia rural.
Soy católica, pero si te pones en manos de alguien con el que has mantenido vínculo relacional, es un final que encaja en un proceso vital. En cambio, ¡qué aberrante resulta que un desconocido se encargue fríamente de tu final por un sueldo en un hospital!

¿Actúan aún acabadoras en Cerdeña?
Ya no, que yo sepa. Fue una práctica tradicional. Ahora, en la misa de Jueves Santo, los hombres tallan un pedacito de madera en forma de yugo, que luego depositan bajo la almohada de familiares agonizantes, para propiciarles un buen final.

¿La presencia del yugo evoca esto?
Los sardos intuyen que ese yugo representa el alma de su familia, de sus ancestros.

¿Cómo fue su infancia sarda?
Muy vinculada a la naturaleza: aprendí a nadar, sabía qué anunciaba cada tipo de nube, qué ruido hacía cada animal, cómo arrancar una lapa de una roca para comérmela, cómo invitar a un cangrejo ermitaño a cambiar de caracola... ¡Cosas inútiles en la ciudad!

¿Cuáles eran entonces sus sueños?
No hacer lo que hacían mis padres, salir del pueblo y estudiar, hacer otros trabajos.

¿Qué hacían sus padres?
Llevar un restaurante en el pueblito San Giovanni de Sinis, junto a una torre medieval aragonesa y un yacimiento romano. Mi padre quería que trabajase con ellos: no entendía que yo quisiera hacer algo diferente... y se negó a pagarme los estudios.

¿Y qué hizo usted?
Cambiar de familia.

¿Perdón?
En Cerdeña todavía pervive la tradición del fillus de anima: dos familias pactan, y el hijo de una pasa a ser hijo de la otra.

Me sorprende.
Es un resabio de matriz matriarcal: cada madre era madre de todos los niños, no sólo de los suyos. Cada niño tenía por madres a todas las mujeres. ¡En los pueblos de Cerdeña ha habido una madre en cada esquina!

¿Y pasó usted a ser hija de otros?
Fui fill'e anima (en sardo) de un matrimonio sin hijos, los Sanna, que sí querían que estudiase: me pagaron los estudios.

¿Y en qué trabajó?
En una industria termoeléctrica: acabé siendo alta ejecutiva. Hasta que me pidieron que hiciese algo que no quise hacer...

¿Qué le pidieron?
Que ocultase un vertido tóxico ilegal en el mar. Me negué a ocultarlo. Lo denuncié públicamente..., y me despidieron.

Fue honesta.
Luego me costó encontrar trabajo. Desempeñé muchos pequeños trabajos...

¿Cómo está el trabajo en Cerdeña?
Muy mal. Padecemos un 45% de desempleo, ¡la tasa de paro más alta de Europa!

¿Por qué es así?
Los oficios tradicionales se extinguen. Los pastores se mueren... La industria turística está mal planteada, quiere cemento. Y el Estado italiano no invierte en Cerdeña, es como si no fuese Italia...

¿Consiguió al fin un buen trabajo?
Como telefonista en una multinacional que fabrica aspiradoras. Y vi cosas muy duras...

¿A qué se refiere?
Al empleado que no alcanzaba los objetivos prefijados, los viernes le colocaban en el centro de una sala, y los demás le cantaban: "Perdedor, perdedor, perdedor"...

 Ceremonia muy zafia...
A uno de esos "perdedores" le despidieron, salió a la calle, y desde los ventanales todos mirábamos. Él alzó la vista, nos vio... y vomitó en la acera. Yo quise bajar a consolarle, pero mi jefa me detuvo: "Tú quieta aquí, ¡que la desgracia se contagia!", me dijo.

Tremendo.
Me sentía tan mal que abrí un blog anónimo, Lo que el mundo debe saber, y relaté estas historias. Un editor me localizó y me ofreció publicarlas en un libro. Me asusté: "Si lo publico, me despedirán, ¡y nunca más nadie me dará un trabajo!", pensé.

¿Y lo publicó?
Lo publiqué, y esa elección cambió mi vida.

¿Por qué?
El libro fue un éxito. Nunca antes pensé en ser escritora, pero entonces me lo planteé. Y mi novela La acabadora ha ganado el premio literario más prestigioso de Italia.

¿Lo dedicó a Cerdeña?
No: a Cerdeña no le sirve un premio. Lo que necesita Cerdeña es la independencia.

¿Es viable?
Yo voto a un partido independentista: si gestionásemos nuestros recursos, saldríamos ganando en autoestima y prosperidad.

¿Cuál es ahora su empeño?
Sufro por una generación que puede quedar arrumbada. Yo soy muy afortunada.

Ha ganado dinero vendiendo libros...
Yo he tenido oportunidades, yo era rica ya antes de tener dinero.

Amela, Víctor-M. Michela Murgia, novelista sarda.Dins: "La Contra de La Vanguardia" (19/12/2011)

dissabte, 7 de novembre de 2015 0 comentaris

L'acabadora, de Michela Murgia


 

De cara a oferir unes pinzellades del llibre que llegirem properament,hem triat l'article de Lluís M. Alonso per la seva claredat i delicadesa:

Las Almas son nuestros parientes
(...) La Acabadora es la historia de la vida contada desde la propia vida y salpicada por la muerte. También, es la novela con la que Michela Murgia (Cabras, Cerdeña, 1972) obtuvo el Premio Campiello, el más prestigioso de Italia y, de paso, el mayor éxito literario de los últimos tiempos en el país transalpino. El testamento vital y la eutanasia, protagonistas del debate de la actualidad, están presentes en las páginas de esta conmovedora historia.
Estamos en la década de los 50 en Soreni, un lugar de Cerdeña donde cuesta trabajo entender ciertas cosas y en el que las mentes de los campesinos son tan estrechas como los fardos de pasto que forman el paisaje. Allí, viven una niña y una anciana, Maria y Bonaria Urrai, unidas por el vínculo de la adopción del alma, proveniente de la tradición sarda: los fillus de anima resumen el producto de la pobreza de una mujer y la esterilidad de otra. Maria Listru, como explica Michela Murgia al principio de su novela, era el fruto del alma tardía de la Tía Bonaria, la modista local que va, allá donde es requerida, de una casa a otra, a altas horas de la madrugada para mantener en secreto su segundo y piadoso oficio, ayudar a morir a los moribundos. Así, la mujer, cuya naturaleza le impide procrear, se convierte ante la mirada de la niña adoptada en un ángel de la muerte a la que los tullidos le piden que acabe con su sufrimiento. "La noche de Todos los Santos. Cuando se deja la puerta abierta para la cena de las almas, usted puede entrar y salir sin levantar sospechas. Por la mañana me encontrarán muerto en mi cama y pensarán que ha sido una desgracia".

Ayuda ante la Parca
La figura de la "accabadora" no está probada en Cerdeña pero permanece viva en la memoria colectiva tradicional. En las pequeñas sociedades de subsistencia al enfermo sin remedio se le veía más que otra cosa como una carga. Él mismo pedía que lo reconfortasen ayudándole a reunirse con la Parca, y la propia comunidad se ocupaba de ello. Los muertos, como los vivos, eran el problema de todos y todos intentaban buscar una solución. 
A Michela Murguia, que estudió Teología y se ha impuesto bucear en las costumbres que hacen distinta a su tierra de cualquier otro lugar del mundo, le preocupa, ella lo ha dicho en más de una entrevista, que en la actualidad se haya perdido la idea de la muerte como un hecho estrechamente vinculado con la vida. Producto de su reflexión, viene a comparar lo que significaba para un inválido vivir en las pequeñas comunidades sardas, donde el único aliento era el trabajo en el campo, con lo inútil que se puede llegar a sentir un enfermo en nuestros días, en los que la eficiencia y el rendimiento no dan tregua a la debilidad física. Para ella, no resulta extraño que en esta prueba a la que nos sometemos de juzgar la vida por su utilidad y no por su calidad, haya cientos de personas que se sientan inútiles y deseen emprender el otro camino. Tampoco le resultaría sorprendente, desde el punto de vista ético y vital, que la comunidad más cercana, la familia, los seres queridos, dijeran la última palabra sobre el porvenir inmediato de estas personas, en el supuesto de que  ya no pudiesen decidir sobre el tiempo que desean permanecer vivas.
En último caso y por lo que atañe a la literatura, resulta fácil leyendo las páginas de la novela de Michela Murgia sentir ese viento que a menudo lleva el olor de la tierra quemada, percibir los grandes silencios, los espacios de la vida que quedan sin explorar y masticar las palabras que, calcinadas por el sol, se vuelven a cada instante más intensas.  "Las almas nos conocen, son de nuestros parientes y por tanto no nos harán daño, porque además les hemos preparado la cena", piensa uno de los personajes.